Si yo dijera que tengo un juego muy bueno que consiste en construir casitas usando recursos y que esos recursos se obtienen cuando la región donde tengo casas produce o mediante comercio, su primera reacción sería: “Pfff. Pedro, me insultas. Ya conozco el Catan”. Pero si yo le dijera que este juego le manda mil patadas en la raja a Catan… creo que lograría captar su atención.

¿Qué es Concordia?

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Concordia con su gran mapa del Imperio Romano y sus casitas de colores.

Concordia es un eurogame diseñado por Mac Gerdts y publicado originalmente el 2013 por PD-Verlag y por Más Que Oca en su versión en español. Se puede jugar de 2 a 5 jugadores, con una duración en caja de 90 minutos y recomendado para niños mayores de 13 años. En Concordia cada jugador es el líder de una dinastía romana que busca expandir su influencia económica a lo largo y ancho de un Imperio Romano en pleno apogeo. El objetivo del juego es lograr la mayor cantidad de puntos de victoria. Estos se obtienen al final del juego con el favor de siete dioses antiguos.

Al inicio del juego tendremos un HERMOSO mapa, ya sea del Imperio Romano para partidas de 3-5 jugadores o de Italia para 2-4 jugadores. El terreno está dividido en provincias y cada provincia tiene 2 o 3 ciudades. Además, y de forma aleatoria, se asigna a cada ciudad un recurso: ladrillo, comida, herramienta, vino y tela. En su turno, un jugador juega una carta de personaje y ejecuta la acción descrita en la carta. FIN… ¿En serio?

Me quiero detener un momento en este punto porque es muy importante. Concordia brilla por la simplicidad y elegancia del turno de los jugadores. Juegas una carta de personaje, haces la acción y le toca al siguiente jugador. NADA MÁS. Todos empiezan con el mismo set de 7 cartas de personaje y luego pueden – y deberían si quieren ganar – comprar más cartas del mercado. Y estas cartas hacen todo en el juego: el Arquitecto mueve los colonos y construye casas, el Prefecto hace producir las provincias o reactiva las que ya produjeron, el Mercader compra/vende recursos, el Diplomático copia una carta usada por otro jugador. Incluso está el Tribuno, que te permite recuperar las cartas utilizadas. Sí, recuperar las cartas del descarte es una acción.

Ahora bien, eso no es todo lo que las cartas de personaje hacen. Cada carta tiene asociado un dios romano y cada dios romano da puntos de formas diferentes. La idea es que las cartas funcionan como un multiplicador del puntaje que da cada dios. Por ejemplo, Saturno da 1 punto por cada provincia en la que yo tenga casa. Entonces si yo tengo presencia en 10 provincias cada carta Saturno me da 10 puntos. Y si tengo 4 cartas Saturno serán 10×4 = 40 puntos. Otros dioses puntúan por la cantidad de casas en juego, los colonos en juego o la diversidad de recursos que las casas producen.

El fin de juego se gatilla cuando algún jugador pone en juego su 15ª casa o cuando el mercado de cartas de personaje se agota. Ese jugador, aparte de destruir los sueños e ilusiones de los demás, obtiene la carta de la diosa Concordia que vale 7 puntos. En este momento se cuentan los puntos y se declara al vencedor.

El Maravilloso Concordia y las razones para darle ese adjetivo

Un pequeño spoiler: Andrés y yo amamos Concordia. Lo queremos tanto que cuando nos referimos a él decimos “El Maravilloso Concordia”. Le hemos enseñado a jugarlo a muchos amigos. La mayoría comparte nuestra apreciación por el juego. Al resto ya no los consideramos amigos (sí Sebastián, te estoy mirando ¬¬).

¿Por qué somos tan devotos? Concordia tiene mucho de lo que nos gusta y no tiene lo que no nos gusta. De partida, y como mencioné antes, cada turno es simple y elegante: una carta, una acción, nada más. Uno tiene las opciones en su mano. Puede hacer producir una provincia, vender su exceso de tela y obtener el ladrillo que le falta, comprar una nueva carta de personaje o jugar el Tribuno para recoger ese Arquitecto que necesita para al fin hacer una casa en Britannia. El juego es una constante lucha de eficiencia y timing. Lo que Concordia no tiene son turnos vacíos. Todos los turnos son la preparación para un fin y en todos los turnos haces algo hacia ese fin. Nunca vas a iniciar tu turno, ver tu mano y decir “No puedo hacer nada. Paso”. Siempre hay algo por hacer. No como en cierto juego *cof*Catan*cof* donde más encima los turnos vacíos ocurren por culpa de los dados.

Concordia no es conflictivo, pero es sumamente interactivo. Yo no puedo ir con mi ejército a quemar las casas de mi oponente. La interacción es sutil. Si hago una casa en una ciudad, mi oponente tendrá que pagar más por hacer la suya. Quiero hacer producir una provincia, pero está desactivada. Puedo reactivarlas y obtener dinero; pero si reactivo las provincias alguien puede hacer producir una que le da mucha tela. Puedo usar mi Viñatero que me da 2 vinos; pero si lo hago no faltará quien me lo copie con su Diplomático y se beneficie también. La interacción está a cada paso y hay que estar atentos a lo que hacen los demás.

La aleatoriedad de los dados está erradicada de Concordia, así que los que tienen una difícil relación con ellos pueden darse un respiro. En Concordia las cosas ocurren porque alguien hace que ocurran, no por el capricho de los dados. Incluso el setup de las ciudades y el mazo de cartas de personaje tienen una aleatoriedad controlada.

Hay un detalle que podría pasar desapercibido pero es importante: no se sabe cuántos puntos lleva cada jugador durante la partida. Uno puede hacer una estimación educada viendo cuántas casas faltan por construir o si ha comprado muchas cartas. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta si va ganando o perdiendo. Esto tiene un efecto muy positivo porque mantiene a todos los jugadores en competencia. Nadie se deprime porque va perdiendo, nadie se convierte en blanco porque va ganando y ojalá jamás ocurra que alguien dé vuelta la mesa o se vaya a jugar otra cosa dejando la partida a medias.

¿Podemos decir algo negativo de Concordia? Algo que ya se ha transformado en una talla recurrente es la imagen de la tapa de la caja. No es muy representativa del juego y hay quienes la encuentran simplemente fea. Yo soy más bien inmune a esos detalles artísticos y no veo que la caja sea tan terrible.

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Si no es taaan fea la tapa…

Otro aspecto que algunos jugadores pueden encontrar difícil o desalentador es que en cada turno uno siente que necesita hacer muchas cosas. Esa sensación de que te faltan turnos puede ser desagradable para algunos. Otros lo vemos como un desafío y lo disfrutamos.

En fin. Si le gusta hacer el máximo con recursos limitados, crear un imperio desde cero, los dados lo odian y siente que Catan ya no da para más, Concordia es el juego que debe probar.