Hace ya un tiempo que Andrés y yo empezamos a escribir este blog. En cada entrada hemos ido dando pistas sobre nosotros mismos y nuestra experiencia jugando juegos de mesa modernos. En esta entrada Andrés habla un poco sobre los juegos que jugaba antes de conocer el Colonos de Catan (a.k.a. Catan a secas), que fue su primer juego de mesa moderno. Yo también me inicié con Catan en el año 2011. Quedé maravillado con el concepto de intercambiar recursos con tus rivales y que el objetivo fuera prosperar uno y no necesariamente destruir al otro. Fue lo único que jugué por al menos un año, hasta que me compré La Isla Prohibida, Carcassonne, Los Pilares de la Tierra, etc. El resto es historia.

Pero hoy quiero hablar de los otros juegos, los que jugaba antes de jugar Catan. Porque es obvio, yo no empecé a jugar a los 22 años, empecé a los 5. Y hay 17 años de juegos que me gustaría recordar y mencionar. La mayoría con cariño. Algunos incluso los juego al día de hoy. A continuación un pequeño repaso de los juegos de antaño que tantas veces jugué con mis amigos y mi familia.

Escoba

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Creo que no hay juego de cartas más clásico que la Escoba. Es muy barato (una baraja de naipes españoles puede costar $500) y fácil de enseñar. Con saber sumar hasta 15 uno ya estaba listo para jugar Escoba. Yo sólo recuerdo que he jugado Escoba desde siempre; pero le pregunté a mi mamá y dice que a los 5 o 6 años ya jugaba con mis tíos. Tiene un componente aleatorio importante, pero igual se toman algunas decisiones para no dejarle al otro jugador posibilidad de escoba, los 7s y los oros.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que al terminar la partida las cartas que sobran deben sumar 10, 25 o 40 puntos. Si no es así alguien cometió un error o hizo trampa. Es un cálculo fácil: sumando los puntos de las 40 cartas da 220 y el múltiplo de 15 más cercano es 210 (15 × 14). Me gusta que el juego tenga ese mecanismo de control. Además las reglas castigan al tramposo otorgándole los 4 naipes (puntos) al otro jugador.

Carioca

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El otro gran clásico de todos los tiempos, esta vez con naipe inglés. Al contrario de la Escoba, que no conozco a nadie que la juegue distinto, en el Carioca he conocido gente que juega con reglas un poco diferentes a las que a mí me enseñaron. Para algunos se reparten 13 cartas, para otros 12. Hay quienes dicen que no se puede sacar la primera carta del descarte, lo que para mí es una tontera y le quita gracia al juego (se convierte en un robar y botar incesante). La diferencia más grande de todas es qué manos se arman. Todo fácil desde 2 tríos a 2 escalas y 1 trio. Pero para las 12 cartas no sé si jugar 3 escalas, 4 tríos o ambas. Y luego viene la famosa escala sucia y la escala real.

Este juego lo jugué muchas veces durante mi infancia. Realmente acortaba la tarde porque es muy largo. Algo que siempre me pasaba, y creo que le pasa a todo el mundo, es confundir 1 escala y 2 tríos con 2 escalas y 1 trio. Típico estar ahí sudando la gota gorda para armar dos escalas, y de repente alguien se baja con sólo una escala y dos tríos. ¡Qué rabia!

Ajedrez

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Ya sé que tiene miles de años, que las posibilidades son infinitas, que tiene beneficios para el desarrollo de la inteligencia, que para muchos es un deporte y no un juego y dedican sus vidas a su estudio y perfeccionamiento; pero no me puede gustar el ajedrez. No hay caso. No me entretiene jugar ajedrez y no lo he jugado en años. Cuando era chico, mi papá (ajedrecista aficionado) trató de enseñarme a jugar, inspirado en la historia de José Raúl Capablanca, el cubano campeón mundial de ajedrez que aprendió a jugar a los 4 años observando a su padre. Aprendí cómo se juega, pero nunca aprendí a jugar bien. Desde entonces he sentido desdén hacia los juegos abstractos.

Monopoly/El Gran Santiago

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Aah, Monopoly. Uno de los juegos de mesa más vendidos del mundo. Para mí no hay nada más desmoralizante que hablarle a alguien sobre juegos de mesa y que diga “Ahh, como Monopoly”. Porque Monopoly representa justo lo que NO son los juegos de mesa modernos. Monopoly es un mal juego. Es repetitivo, largo, tiene eliminación de jugadores, es azaroso. Das vueltas alrededor de ese cuadrado una y otra y otra vez durante horas.

Ahora bien, en defensa de Monopoly debo decir que la mala opinión que hoy en día tenemos de él no es sólo su culpa. La gente lo jugaba mal y las circunstancias en que lo jugábamos lo hacían más desagradable. Para empezar, hay gente que lo jugaba sin subasta. Las reglas dicen que si el jugador que cae en una propiedad sin dueño no lo compra, se hace una subasta. Esto hace que las propiedades se adquieran más rápido y acorta mucho el juego. El otro desastre a la hora de jugar Monopoly es prestarse plata entre los jugadores para evitar la bancarrota. ¡El objetivo del juego es dejar a los demás en bancarrota! Cuando no dejas que los jugadores pierdan, obvio que el juego se hace eterno. Por último, el contexto en que uno juega Monopoly suele ser familiar. Y lamentablemente las familias suelen incluir niños chicos incapaces de tomar buenas decisiones o de controlar sus impulsos. Entonces cuando una prima chica te gana una subasta porque ofreció $1.000 por una propiedad que vale $140 y que no le sirve para nada, pero no importa porque su objetivo no es ganar la partida, sólo ser molesta y sentir que está participando… Y luego viene el otro cabro chico que cae en tu propiedad con hotel pero se niega a pagar la renta, y si lo miras feo se enoja, rompe los billetes, da vuelta el tablero y se va llorando donde su mami… Uff, al menos la partida se acabó.

Uno

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Este es un juego que me encanta y también es víctima de muuucha gente que lo juega mal. En Uno debes ir descartando cartas que coincidan en color o número con la carta jugada anteriormente. El problema es que cuando no tienes cartas que se puedan descartar, debes robar UNA carta y si esa tampoco se puede descartar el juego PASA al jugador siguiente. La cantidad de gente que cree que hay que robar cartas hasta que te salga una que se puede descartar es demasiada. Y me sorprende que jugando una partida eterna de esta forma no hayan sospechado que estaban haciendo algo mal.

Me gusta jugar Uno. Es un juego sencillo pero entretenido y permite hasta 10 jugadores. Recuerdo que las reglas de mi Uno venían con una variante de eliminación. Al final de cada ronda se le contaban los puntos a cada jugador y se iban sumando. El que llegaba a cierto número era eliminado y se jugaban rondas hasta encontrar un ganador. En una reunión familiar hicimos una partida de eliminación con 10 jugadores a 100 puntos. Al final gané yo tras haber estado unas 4 rondas con 9x puntos. Fue una partida épica.

Dudo/Liar’s Dice

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Este juegazo lo aprendí en la universidad, y durante ese año 2009 lo jugamos hasta el cansancio. En esta entrada mencioné que este juego ganó el Spiel des Jahres bajo el nombre Liar’s Dice, pero el juego existe desde tiempos inmemoriales – por ahí leí que lo inventaron los Incas y que los conquistadores españoles lo llevaron a Europa en el s.XVI –. Dudo es un juego de bluffing y está permitido mentir, comentar tus dados a los demás jugadores (sin mostrarlos) e incluso meterte en la cabeza de los demás para manipularlos.

Los que me conocen saben que no puedo mentir ni para salvar mi vida. Soy pésimo mintiendo y soy muy expresivo. No puedo jugar Póker ni a palos. Pero en el Dudo me iba mucho mejor. Parece que decir la verdad descolocaba a los demás; pero luego cuando se confiaban mentía en una jugada clave y los sorprendía. Creo que es el mejor juego para conocer a la gente y saber quiénes son los más mentirosos. Saludos a Claudia, la mejor jugadora de Dudo que conozco. Y eso no es un halago.

Mario Party

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Si. Estoy haciendo trampa aquí porque Mario Party es un videojuego. Pero me gustaba mucho y es como un juego de mesa virtual. Hubo un buen tiempo en que jugaba Mario Party 3 de Nintendo 64 con mis hermanas y con amigos. Para los que no lo conocen, en Mario Party los jugadores van moviéndose en un tablero tratando de juntar la mayor cantidad de estrellas posible. Estas estrellas se compraban con monedas, las cuales se obtenían ganando en los minijuegos que había al final de cada ronda.

El juego era sumamente entretenido. Los minijuegos eran divertidos y los tableros tenían casillas sorpresa y trampas que desviaban a los jugadores. Además podías obtener objetos que te daban algunas ventajas. El juego tenía algunos aspectos para nada amigables, como el fantasma que le podía robar una estrella a alguien más o la casilla Chance Time donde podías incluso quitarle todas las estrellas a un jugador.

Lamentablemente las últimas versiones de Mario Party han sido nefastas. Desde Mario Party 9 los jugadores ya no se mueven independientemente unos de otros, si no que van todos juntos en un auto como buenos amiguitos. Y la gota que rebalsó el vaso fue Mario Party 10, donde ni siquiera hay minijuegos al final de cada ronda. Nintendo transformó una franquicia que disfruté en mis años de adolescente en un bodrio para niñitos de 6 años. Una lástima.

Fin de la Entrada

Como dije en un principio, he jugado desde siempre. Creo que antes se jugaba más. El clima era más lluvioso en Concepción y se podía salir menos. Además no estábamos tan pegados a la tecnología, así que había que sacar unas cartitas para pasar el rato. Ojalá los padres de hoy pospusieran la compra de ese tablet o celular y compraran algo más sencillo y análogo para jugar con sus hijos. Lamentablemente eso requiere tiempo, el recurso más escaso de nuestros días. ¿Vale la pena? Sólo los padres pueden responder a eso.

Yo por mi parte estoy muy agradecido de la gente que me tuvo paciencia y jugó Escoba conmigo cuando chico. Ahora me toca a mí jugar con sus hijos. Hay que devolver el favor.