Después de darme una vuelta por juegos tan largos y complejos como Eclipse, es bueno tomarse un respiro y hablar de un juego más sencillo. King of Tokyo es de esos juegos que brillan por su simplicidad. Lo he jugado con niños de 7 años y gente no jugona sin ningún problema. Es fácil de enseñar y muy divertido. King of Tokyo fue diseñado por Richard Garfield, el mismo creador de juegos de cartas tales como Magic: The Gathering y Android: Netrunner. Fue publicado originalmente el 2011 por IELLO y por Homoludicus en español. Este año salió una nueva edición con un arte renovado y dos cambios en los monstruos, pero mecánicamente hablando no hay ninguna diferencia.

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Tablero del monstruo Reptar … Perdón, Gigazaur.

En King of Tokyo 2-6 jugadores representan a un monstruo gigante y compiten para ser el rey de la ciudad de Tokyo, o lo que quede de ella después de la batalla. Hay dos formas de ganar: ser el primero en juntar 20 puntos de victoria o ser el último monstruo en pie. Efectivamente, King of Tokyo tiene eliminación de jugadores. Y desde el punto de vista del diseño, eliminar jugadores a mitad de la partida y hacerlos irse a otra parte o dejarlos mirando mientras los demás se divierten suele ser pésimo. Pero cuando el juego es corto la eliminación de jugadores es tolerable. Tal es el caso de King of Tokyo, que dura 30 minutos a todo reventar.

La mecánica es muy fácil. En su turno el jugador lanza 6 grandes y bonitos dados. De lo que le salga puede conservar lo que quiera y relanzar los dados que no le sirvan. Puede hacer esto hasta dos veces, por lo que al final de los tres lanzamientos se queda con sus resultados. Las caras de los dados otorgan puntos de victoria, energía para comprar cartas que potencian a su monstruo, vida o ataques que dañan a sus rivales.

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Seis grandes y bonitos dados.

King of Tokyo es el juego de mesa con el tablero más superfluo del mundo. Este tablero representa a Tokyo, y puede haber un monstruo en él a la vez (dos en partidas de 5-6 jugadores). Cuando un monstruo entra a Tokyo, generalmente haciendo huir al anterior ocupante, gana un punto de victoria. Si aguanta en Tokyo hasta su próximo turno gana dos puntos de victoria. El problema es que los demás monstruos lo atacan para quitarle el puesto. Además, el monstruo en Tokyo no puede recuperar vida.

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Es difícil llamar a King of Tokyo un “juego de tablero”.

Hay tres cosas que hacen de este juego un ganador. Primero, y ya lo he dicho un montón de veces, lo fácil que es de enseñar. De verdad es ideal para jugar con niños de todas las edades y con adultos que no entienden nada de esto de los juegos de mesa. Segundo, la calidad de los componentes y el arte son destacables. Los dados son grandes y pesados, los monstruos son unos standees (figuras de cartón con bases de plástico para que se mantengan de pie. Viene del verbo stand) grandes y bonitos, los tableros de monstruo con ruedas para indicar los puntos de victoria y la vida son geniales. Finalmente, el humor presente en las cartas y los personajes ayuda a crear el ambiente de un juego simpático y distendido. Me encanta que Gigazaur sea una copia de Reptar de los Rugrats, que Cyber Bunny sea un conejo robot gigante manejado por un conejito malvado y que haya cartas tan chistosas como “Amigo de los Niños” con una tortuguita gigante de mirada tierna o “…¡Pero Tenía Un Hijo!” que es una clara referencia Píkoro Daimakú de Dragon Ball, que cuando es derrotado por Gokú lanza un huevo del cual nace su hijo Píkoro.

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El adorable “Amigo de los Niños” y el referencial “…¡Pero Tenía un Hijo!”

En fin, no me queda más que recomendar King of Tokyo. Es bueno tener un jueguito apto para niños y no-ñoños en la colección. Les prometo que el juego les proporcionará momentos memorables del tipo “¿Te acuerdas de esa vez que jugamos King of Tokyo y me salieron 6 garras y te maté? JAJAJA”. El precio es un poco alto para un juego tan simple; pero eso es culpa de los componentes, y de verdad valen la pena.