Se podría decir que una de las características más notorias de los modernos juegos de mesa es su claro esfuerzo por distanciarse de los juegos denominados clásicos, los que son casi en su totalidad juegos abstractos, es decir, juegos que no tienen temática en absoluto o sólo tienen una MUY tenue. Hablamos, por ejemplo, de juegos como el Ajedrez, el Go o las Damas.

Esto lleva a que la temática de un juego de mesa moderno o, más bien, la forma en que ella está integrada en él, sea uno de los aspectos relevantes a la hora de calificarlo o simplemente de escogerlo cuando uno anda buscando algo nuevo que probar. Personalmente, ya en otro de mis reviews he tenido oportunidad de hablar un poco acerca de las aprensiones que genera en mí el enterarme de que un juego es considerado “muy abstracto”, pese a que superficialmente tenga asignada una temática. Y sin ir más lejos, mi querido coblogger Stormydog88 ha proclamado públicamente su desprecio hacia todo lo que pueda ser calificado de juego abstracto (no les cuento lo que me costó que aceptara probar el Tigris & Éufrates, o la cara que puso cuando me compré Hive).

Justamente por esto es que, cuando Splendor apareció en la escena jugona, yo lo miré con desconfianza. Los amigos que lo habían probado antes que yo hacían muy buenos comentarios (especialmente respecto de la calidad de los componentes, lo que, como todos sabemos, no hace necesariamente bueno a un juego), pero, al mismo tiempo, todos advertían que la temática estaba pegada encima y que no tenía en realidad ninguna importancia para el juego. Así las cosas, por bastante tiempo le hice el quite, prejuiciosamente convencido de que no me iba a gustar. Hasta que llegó el día en que me decidí –reaciamente- a probarlo. Y me llevé una grata sorpresa.

Splendor es un juego para 2 a 4 jugadores, diseñado por Marc André, en el que cada jugador asume el rol de un rico mercader de gemas del renacimiento. Durante la partida, deberán tratar de adquirir ventajas para su emprendimiento, tales como minas, artesanos y medios de transporte para sus gemas. Todo ello con la finalidad de atraer la atención de poderosos nobles y ser el mercader más prestigioso de la ciudad. ¿Le acabo de resumir la temática del juego? Olvídela, no tiene NINGUNA importancia. En los hechos, lo que cada jugador debe hacer es tratar de adquirir cartas de desarrollo, a través de las cuales obtendrá recursos (gemas) y puntos de prestigio –o sea, puntos de victoria- o bien, losetas de noble, cada una de las cuales también otorga puntos de prestigio a su propietario. El primer jugador que logre obtener al menos 15 puntos gatillará el final de la partida y el jugador con más puntos será el ganador.

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El set-up inicial de una partida para 4 jugadores.

Mecánicamente hablando, el juego es rápido y simple. Durante su turno, cada jugador sólo puede ejecutar una de 3 posibles acciones: tomar fichas de gemas de la reserva, comprar una carta de desarrollo o reservar una carta de desarrollo para adquirirla posteriormente. Esta última posibilidad da además derecho a una ficha de oro, que hace las veces de recurso comodín.

Como un buen eurogame (porque eso es lo que claramente es), el foco de la acción está puesto en el desarrollo de lo que podríamos llamar un “motor económico”, es decir, cada jugador debe tratar de establecer una estructura generadora de recursos que le permita adquirir cada vez mejores cartas y, por ende, más puntos de prestigio. Para ello, el juego contiene tres tipos de carta de desarrollo: cartas de nivel básico, de bajo costo y que por regla general no otorgan puntos de victoria por sí mismas sino que sólo generan recursos con los que adquirir otras cartas de mejor nivel; unas de nivel intermedio que, además de generar algún recurso, otorgan 1, 2 o 3 puntos de prestigio a su propietario; y cartas de nivel superior, que tienen un costo alto en recursos, pero que generan 3, 4 o 5 puntos de prestigio para su dueño.

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Algunas cartas de desarrollo. La primera de la izquierda es una de nivel 2. La última de la derecha es una carta de nivel 3.

Finalmente, al inicio de cada partida se elige al azar una cierta cantidad de losetas de noble, cada una de las cuales será adquirida por el primer jugador que logre satisfacer los requisitos (una cierta cantidad de cartas de desarrollo) exigidos por el noble para otorgar su favor. Cada loseta –que representa la “visita” del noble al respectivo jugador- otorga 3 puntos de prestigio adicionales a su poseedor.

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Detalle de algunas losetas de noble. Cada una indica la cantidad de cartas de desarrollo de cada tipo que el respectivo noble exige para conceder su favor.

EL REVIEW

Como ya anuncié, Splendor disipó rápidamente mis aprehensiones iniciales. Es, sin duda alguna, un juego casi abstracto, puesto que su temática no tiene relevancia alguna en la mecánica de juego. Algunos incluso lo califican de “solitario mutijugador”, aduciendo que la interacción entre los jugadores es mínima y cada uno de ellos puede jugar la partida entera casi sin prestar atención a lo que hacen los demás, aunque ya diré que yo no concuerdo con esto último. Pese a todo ello, el juego me gusta y lo juego de buena gana cada vez que sale a la mesa.

Es cierto que la temática parece no estar ahí, pero la calidad de las ilustraciones y, sobre todo, la calidad de las fichas de gema (similares a fichas de póker, pero de las auténticas, no de esas plásticas que venden por ahí), hacen que la experiencia sea placentera sin importar que uno no perciba realmente lo que los componentes representan.

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Las famosas fichas de Splendor.

Y aunque la interacción entre los jugadores es poca, no es inexistente, sobre todo cuando se acerca el final de la partida y uno debe elegir muy cuidadosamente qué carta va a adquirir a continuación para, por ejemplo, lograr una loseta de noble antes que otro se la lleve. Y también es frecuente que un jugador reserve una carta que no necesita particularmente, pero que a otro jugador puede otorgar muchos puntos de prestigio en una sola jugada (por ejemplo, porque es la única que le falta para adquirir una loseta de noble). Esto obliga a estar atento a las jugadas y al progreso de los demás.

Además, de todo ello, Splendor es rápido y fácil de enseñar a nuevos jugadores, lo que lo convierte en un excelente gateway game. Las partidas son breves (15 minutos a media hora dependiendo del número de participantes); el juego es liviano (no hay profundas decisiones estratégicas que ponderar), pero aun así requiere jugar astutamente para ganar; y escala muy bien, es decir, funciona bien con cualquier número de jugadores. En mi opinión, es una excelente adición a cualquier colección de juegos, en especial a las que están recién iniciándose. A la mía entró luego de sólo dos partidas.