El maravilloso mundo de los juegos de mesa atrae a mucha gente. Familias y amigos se reúnen para compartir una partida de alguno de sus juegos favoritos o para aprender alguno nuevo. Se hacen juntas pequeñas y también grandes eventos y convenciones a las que asiste gente de todas las edades y orígenes. Pero en su núcleo más interno el boardgaming es una afición de ñoños. Y los ñoños, con la ñoñez que nos caracteriza, somos muy asiduos a los rankings y a las estadísticas. Si no fuera así no existiría la BGG – BoardGameGeek –, la enorme comunidad/base de datos de juegos de mesa.

Cuando un juego está bien catalogado por la comunidad y se mantiene bien catalogado con el paso de los años uno puede confiar en que el juego es un clásico. Uno lee o escucha a la gente decir que el juego es uno de sus favoritos y que el diseñador es un genio. Otros van al extremo de decir que cualquier colección que se precie de tal debe tener tal o cual juego. Pero, ¿qué pasa cuando tal o cual juego no te gusta? La primera intención es dudar de uno mismo; una actitud que yo creo es muy sana y no mucha gente la tiene. “¿Lo estaré jugando mal?”, “A lo mejor no lo entendí bien”, “Hay que probarlo de nuevo”. Lo importante es que en gustos no hay nada escrito y a uno puede no gustarle un juego famoso, a pesar del ejército de fanáticos a los que sí les gusta. A mí no me gusta Dominion. Lo digo con seguridad, y les explicaré por qué en el resto de este review.

Audiencia de Formalización

Dominion es el abuelo de todos los deckbuilders. Ya lo mencioné en el review de Star Realms. Donald X. Vaccarino salió con esta idea de que la construcción de mazos que se hace en los CCG sea un juego en sí mismo. Dominion es el resultado. Fue publicado el año 2008 por Rio Grande Games en inglés y Devir en español. Dominion es el ganador de múltiples premios, entre ellos el Spiel des Jahres del año 2009.

En Dominion 2 a 4 jugadores comienzan el juego con un mazo básico de 10 cartas que representan su reino: siete Cobres (que valen $1) y tres Fincas (que valen 1 punto). Frente a ellos hay un mercado fijo de 10 cartas, más las cartas de dinero (Cobre, Plata y Oro) y las cartas de puntos (Finca, Ducado, Provincia). Cada jugador parte con una mano de cinco cartas y puede hacer una acción (jugar una carta) y una compra. Las cartas que compren se van a su pila de descartes y cuando se acaba el mazo barajan la pila de descartes para formar uno nuevo. De esta forma las cartas adquiridas se incorporan al mazo y pueden ser usadas en los siguientes turnos.

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El mercado de cartas en Dominion.

Cuando el juego se acaba, los jugadores puntúan con sus cartas de puntos de victoria. Lo importante es que esas cartas sólo sirven como puntos al final del juego y no hacen nada más. Un aspecto fundamental del juego es el timing: cuándo empezar a comprar estas cartas de puntos. Muy pronto y te llenas de cartas inútiles que empeoran tu mazo. Muy tarde y tus rivales te pueden sacar ventaja y ganar la partida.

Juicio Oral

Érase una vez, específicamente en la navidad del año 2009, que mis papás le regalaron a mi hermana chica la consola Wii de Nintendo, aunque en realidad era para uso familiar. Para los que no sepan nada de videojuegos, la Wii es la primera consola en incorporar un sensor de movimiento para controlar los juegos. Un día me junté con un amigo y se puso a jugar al tenis en el juego Wii Sports. Tomó el control y se puso a hacer grandes movimientos para pegarle a la pelota de un lado a otro de la cancha virtual. Se lo estaba pasando muy bien. Se movía con mucha agilidad y muchas ganas. Tanto así que tarde o temprano le iba a pegar a alguien con el control o, peor aún, le iba a pegar a algo y a romper el control, que no era nada barato. Fue ahí cuando, con el dolor de mi alma, le tuve que decir la verdad: los movimientos de un lado a otro que estaba haciendo eran innecesarios.

El personaje en la pantalla se movía solo y lo único que hace el jugador es mover la raqueta. Bastaba con un movimiento de muñeca. Incluso podía jugar sentado. Mi amigo comprobó lo que le dije, se sentó y empezó a jugar moviendo la muñeca. Pude ver cómo la luz se apagaba en sus ojos y el entretenimiento que estaba sacando del juego disminuyó notablemente. Ahora estaba jugando bien, más eficientemente; pero se divertía mucho menos. Eso me pasó a mí con Dominion.

En cada partida de Dominion hay diez cartas que uno puede adquirir para su mazo. Hacen diversas cosas: permiten robar más cartas, hacer más acciones y compras, perjudicar a los rivales, etc. Hay múltiples posibilidades. Comprando estas cartas uno hace más interesante su mazo y más llamativos sus turnos. Está la posibilidad de, en un turno, jugar varias acciones con cartas como la Aldea o el Festival. Se pueden lograr combos espectaculares que hacen reír o sorprenden a todos en la mesa. Y todo esto no sirve para nada.

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La carta Aldea. Sirve para hacer combos, pero el juego no se trata de eso.

Dominion no es los X-Games. Uno no gana puntos por estilo o por el turno con más acciones encadenadas. La única forma de ganar es tener la mayor cantidad de cartas de punto en el mazo. Dominion es básicamente una carrera para comprar más cartas de Provincia que los rivales. No es un free-style, es una carrera de Fórmula 1. Y en esta carrera gana el más eficiente. La forma eficiente de jugar Dominion es comprando pocas cartas de acción. En vez de eso hay que comprar Platas y Oros. Y, llegado el momento, comprar Provincias. Hacer esto lo más rápido posible, sin distracciones. Esta es la forma eficiente, estratégica, y ABURRIDA.

Si observamos bien este juego, podemos ver que es un deckbuilding puro. El jugador más experimentado ganara todas y cada una de las partidas. No tiene azar, porque el mercado es fijo – a diferencia de Star Realms y Ascension, donde el mercado es variable –. La interacción entre jugadores es bajísima; con algunas cartas de ataque, pero muchas que no lo son. Incluso está la carta Foso que contrarresta las pocas cartas de ataque que hay. El único momento en el que otro jugador incide en lo que uno está haciendo es cuando empieza a comprar cartas de puntos y uno piensa: “Uy. Tengo que comprar cartas de puntos también”. La temática es superflua. Dominion es un hueso, y es duro de roer.

Veredicto. O Crónica de una Muerte Anunciada

Dominion no me gusta para nada. Lo he jugado muchas veces con mucha gente distinta. Y no me canso de decirlo. Dominion no es divertido porque te obliga a jugar fome. A algunos amigos con los que lo he jugado les ha gustado y se han divertido durante la partida. Luego la partida termina, yo gano y les muestro mi mazo: tres o cuatro cartas de acción y el resto sólo tesoros y cartas de punto. Ese es el secreto de Dominion.

Una advertencia: Sólo he jugado al Dominion básico. No he jugado Intriga ni Cornucopia ni Prosperidad ni nada. Algunos dirán “Aah por eso. Agrégale tal y tal expansión y el juego mejora”. NO, GRACIAS. Prefiero comprar y jugar un juego que sea bueno desde la base y no un juego malo al que hay que comprarle expansiones para repararlo.

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Arregle su Dominion por la módica suma de $31.990.

También he leído por ahí que la gracia de Dominion es llegar a ese punto en que todos los jugadores saben jugar bien – o sea aburrido –  y la cosa se pone especialmente competitiva. El juego se vuelve un duelo de estrategas para ver quién puede mirar las 10 cartas del mercado y crear el mejor mazo – el más eficiente – a partir de ellas. Primero que todo, no tengo tanta paciencia. Tendría que jugar unas 50 veces con las mismas personas para que todos tengan experiencia suficiente para elucubrar estrategias de ese estilo. ¿Y para qué? Para terminar jugando en automático un juego seco e insípido. Segundo, con el tiempo que tomaría llegar a ese “nivel” en Dominion prefiero jugar a algo realmente divertido. Y no a un solo juego. A varios. Distintos. Y divertidos.

Mi conclusión: muerte a Dominion. Es el original, el que trajo el deckbuilding, la última gran mecánica de los juegos de mesa. Pero han salido otros juegos que, para mí, son mejores. Con temática, con un poco de azar para que no sean tan áridos. Donde el juego te premia por hacer combos en vez de castigarte. ¡Adios al original! Nadie debería jugar Yahtzee existiendo King of Tokyo. Y en mi opinión nadie debería jugar Dominion habiendo tantos otros juegos más entretenidos. Si quiere jugar a un deckbuilder, por el amor de Jebús juegue Star Realms.

Finalmente, el otro día le puse el último clavo al ataúd de Dominion. Vendí mi copia. Traté de convencer a mi amigo de que no lo comprara, pero no me escuchó. Cree que debe haber algo más que estoy obviando. Quizás le parezca divertida la competencia de eficiencia. O prefiere los solitarios multijugador. En cuanto a mí, no hay más Dominion en mi vida. Si alguien me desafía, lo jugaré. Pero lo jugaré fome, como se debe.