Antes de empezar con la entrada, un pequeño dato curioso. La imagen de esta entrada corresponde a Second Chance, una serie de ciencia ficción de FOX. La serie tuvo una temporada de 11 episodios y fue cancelada. Podría decirse que, irónicamente, no tuvo una segunda oportunidad.


Jugar un juego por primera vez siempre es una experiencia intensa. Generalmente algún amigo actúa como instigador, ofreciendo al grupo jugar la nueva adquisición o un juego que ya ha jugado con otros y cree que puede tener éxito aquí. El grupo considera la posibilidad, y si la acepta todos se sientan y enfrentan lo desconocido. El instigador se pone el delantal y pasa a ser el profesor. Enseña las reglas con lo mejor de sus habilidades y comienza la partida. Pasa el tiempo que tenga que pasar – 30 minutos, 2 horas, quizás 6 – y la partida termina.

En este punto los jugadores procesan lo que acaba de pasar y se responden preguntas muy importantes para el futuro de este juego en su grupo. ¿Fue divertido? ¿Volvería a jugar este juego? ¿Qué fue bueno y qué no de la partida? En definitiva, ¿me gustó este juego? Una pregunta que parece inocente, pero no lo es. El problema es que cuando decidimos que el juego no nos gusta le ponemos la lápida. El juego recibe esa lápida en un sentido bastante literal, porque si alguien está convencido de que un juego es malo, entonces ese juego no se jugará en presencia de esa persona. Para efectos prácticos está muerto. ¡Vuela alto!

El punto aquí es que lo que está sucediendo es un juicio basado en una primera impresión. Y como en la vida misma, no siempre debemos quedarnos con las primeras impresiones de los juegos. A continuación, voy a desmenuzar un poco lo que puede haber pasado para que un juego nos dé una mala primera impresión. Luego de eso comentaré por qué creo que en la vida hay que dar segundas oportunidades. Al terminar la entrada les tengo una sabrosa anécdota autorreferencial, porque de eso se trata este blog jajaja.

El Equipaje Que Traemos A La Mesa

A no ser que hayamos sido creados por un poder divino en el mismo instante en que nos sentamos a la mesa a jugar, vivamos debajo de una roca o simplemente no seamos taaan ñoños, cuando nos ofrecen jugar un juego por primera vez ya tenemos algunas ideas preconcebidas sobre él. Puede ser un video que hayamos visto, una reseña leída por ahí o algún amigo que nos contó sobre el juego. También puede que nosotros ya tengamos alguna opinión sobre el tipo de juego, la mecánica e incluso sobre el diseñador de este juego.

Si llegamos a la mesa con una mala imagen previa del juego, será difícil que éste nos haga cambiar de opinión. Por otro lado, puede que algún amigo nos haya sobrevendido el juego y al final resulte que no era tan maravilloso. El juego sufrirá por las expectativas que se tengan de él.

Las Condiciones De ESTA Partida

Los juegos de mesa no son siempre iguales. Algunos juegos incorporan partes aleatorias en su setup para que todas las partidas sean distintas. Sin embargo, la mayor fuente de variabilidad son los humanos, su cantidad y – ¿por qué no? – su calidad. Puede pasar que alguna o todas estas condiciones conspiren para que la partida no funcione tan bien como debería. Revisemos.

El setup y la aleatoriedad de un juego pueden hacer que una partida sea aburrida o desbalanceada. Un ejemplo sencillo: Los Colonos de Catan. La isla de Catan se arma de forma aleatoria al inicio de cada partida. Ocurre que a veces salen mapas derechamente fomes, con escasez de ladrillo, por ejemplo, o con un lugar demasiado bueno que hace que el que lo tome empiece con una ventaja insalvable. En parte es culpa del juego; pero de todas formas distorsiona la idea que uno puede hacerse de él.

Hay juegos que son muy sensibles al número de humanos que lo juegan. Se suele decir que “escalan mal”. Los worker placement usualmente tienen este problema. Funcionan mejor con cuatro jugadores y cojean con menos. Otros juegos, al contrario, funcionan mejor con dos jugadores a pesar de que permiten más (por ejemplo, Innovation de Carl Chudyk). Por otro lado, en la mayoría de los juegos la cantidad de jugadores es directamente proporcional a la duración de la partida. Esto puede ser un problema para la gente que no le gustan los juegos muy largos o que tarde mucho en llegar su turno.

Por último, y aunque suene feo, la calidad de la gente con la que uno juega puede afectar la percepción del juego. Las personas que sufren el flagelo del Analysis Paralysis pueden hacer creer a alguien que los entreturnos largos y la necesidad de sobreanalizar las jugadas son una condición del juego mismo. Y no, es este sujeto que se queda pegado en su AP. Los juegos cooperativos tiemblan ante la presencia del infame alpha player. Ese personaje que se pone a cargo del equipo y básicamente juega solo, mientras el resto mira o ejecuta sus órdenes. Algunos eruditos teorizan con la idea de que el alpha player surge porque el juego se lo permite o porque los demás jugadores lo dejan. Yo creo con fervor que el alpha player es un ser despreciable y no es culpa del juego que haya gente tan desatinada.

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Turno más largo. -2 PV para el jugador que demora más en su turno. Conozco a un par de personas con las que debería usar este anti-bono.

El Resultado De La Partida

En un hecho que me parece bastante interesante, hay gente que disfruta más del juego cuando lo gana. Entonces si esta persona pierde, se va con la idea de que el juego es malo o no es para él. Para ser sincero, no podría decir que conozco a alguien que cuando pierde un juego salga diciendo que el juego es malo. Nos podemos quejar de nuestra mala suerte o reconocer algún error clave que nos llevó a la derrota. Hay que ser una clase especial de mal perdedor para culpar al juego.

He leído y he escuchado comentarios de que esta gente sí existe. Hay algunos que se tienen en tan alta estima que cuando pierden asumen de que hay algo mal con el juego. Otros no logran captar la idea del juego, pierden miserablemente y se van pensando que el juego no es para ellos. Incluso he escuchado a mucha gente decir que cuando enseñan un juego a alguien se dejan perder para aumentar las posibilidades de que a esa persona le guste el juego.

Sólo puedo simpatizar con el segundo. Puede que realmente el juego no sea del gusto de esa persona por ser muy pesado o que no le hizo sentido. Por otro lado, realmente me enoja eso de dejarse perder. Lo he dicho antes: dejarse perder es faltarle el respeto al rival.

¿Es Importante Dar Segundas Oportunidades A Los Juegos?

Después de toda esta larga discusión sobre lo que puede salir mal con la primera impresión, es necesario dar unos pasos hacia atrás y preguntarse: ¿es necesario volver a jugar un juego que no gustó la primera vez? Se puede argumentar que no. Usted me podría decir: “Pedro, hay tantos juegos excelentes y salen más cada año. ¿Por qué me pides invertir mi valioso tiempo en jugar este juego que no me gustó la primera vez? ¿Es que acaso no sabes quién soy yo? ¿Ah? ¡Responde ñoño de mierda!”. Mi respuesta es que sí hay que darle una segunda oportunidad a un juego, y por varias razones.

Primero, es un ejercicio de humildad. Jugar un juego una vez y decir que no merece volver a ser jugado demuestra una suficiencia pomposa y poco adecuada. Hay claras excepciones de juegos que son realmente malos y no merecen mayor consideración. De todas formas, siempre es bueno dudar de uno mismo y darle otra vuelta.

Segundo, lapidar un juego cierra posibilidades para ti y tus amigos. Te podrías estar perdiendo un juego muy bueno. Y peor aún, tus amigos no pueden jugarlo cuando estás tú. Suele pasar en las juntas que cuesta tomar la decisión de qué juegos jugar. Tener a alguien que no juega ciertos juegos agrega complicaciones al problema. Insisto, es normal que a uno no le gusten algunos juegos. Pero cuando a uno lo invitan a jugar un juego que jugó una vez y no le gusto, esta puede ser una buena ocasión para jugarlo por segunda vez y ver qué tal.

Tercero y más importante. Jugar un juego varias veces permite hablar de él con propiedad. Nuestra política en ¿A Quién Le Toca? es sólo hacer reviews de juegos que hayamos jugado varias veces. Hay que eliminar la posibilidad de que factores externos afecten la opinión sobre el juego. Por supuesto que uno tiene toda la libertad de decir lo que le de la gana sobre los juegos; pero jugarlos varias veces le da cierta rigurosidad.

Conclusiones Sobre Probar Juegos

Probar juegos a veces puede ser una tarea difícil; pero generalmente es gratificante aprender algo nuevo y aumentar nuestra cultura lúdica. Una amiga dijo una vez que todos los juegos hay que probarlos. Me parece una frase muy sabia, porque es la única forma de ver por uno mismo qué tal es un juego. Así es como uno descubre sus gustos y va separando los juegos que le gustan de los que más vale alejarse.

Pero jugar un juego una vez puede no ser suficiente. La segunda partida puede ser mejor porque uno ya conoce las reglas y puede elegir una buena estrategia. Lo importante es realmente dar una segunda oportunidad. Hay que jugar con la actitud correcta y con la mente abierta.

También es importante cambiar las condiciones para ver si eso cambia la experiencia. Creo que lo más fácil de alterar es la cantidad de jugadores. Una buena recomendación es buscar el juego en la BGG y revisar las recomendaciones de la comunidad. En la BGG hay un sistema de encuesta en el cual los miembros indican el número de jugadores que recomiendan y qué número es el mejor. Es buena idea probar el juego con ese número y notar la diferencia, si es que la hay.

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La encuesta de la BGG para el juego Innovation. Un 67% dice que es mejor con 2 jugadores.

La Anécdota del Castles of Burgundy

Esta anécdota es importante. Aquí les contaré la historia de cómo decidimos crear este blog. A mí ya se me había ocurrido que sería entretenido crear un blog para hablar de juegos de mesa, pero necesitaba un partner. Alguien que aportara su propia visión al blog y además me ayudara a cargar con la culpa. Se lo propuse a mi amigo personal Andrés, pero me dijo que no. Él sentía que no estaba preparado para emitir juicios sobre juegos. No se sintió con la autoridad suficiente y declinó.

Unas semanas después tuvimos la oportunidad de jugar Castles of Burgundy, un juego famosísimo y muy apreciado por los ñoños del mundo. A día de hoy está rankeado #10 en la BGG. ¡No nos gustó! Al día siguiente comentamos extensamente lo que pasó esa noche. Las cosas que no nos gustaron, el apartado artístico, la baja interacción, etc. Después le dije a Andrés: “Viste que estamos listos para escribir un blog”. Y Andrés se convenció. El resultado, bueno o malo, es “¿A Quién Le Toca?”.

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Castles of Burgundy. Un infierno de hexágonos, dados y puntos por todo. Un Feld de tomo y lomo.

Tiempo después, y con la intención de acumular partidas para poder escribir con propiedad sobre lo malo que es Castles of Burgundy, lo tomamos prestado y jugamos una partida one on one. El juego funcionó mucho mejor. Y cada vez que lo he jugado me ha gustado más. Sí, tiene sus falencias, pero dentro de todo es… wait. Mi opinión completa la leerán cuando escriba ese review.

Creo que la moraleja principal es no quedarse con la primera impresión. Darle una segunda oportunidad a un juego puede ser gratificante y salvar a un buen juego del olvido. Esto es especialmente cierto cuando es un juego aclamado por el público. Hay que dudar un poco de uno mismo y probar de nuevo.