Les voy a contar un secreto. En ¿A Quién Le Toca?, Andrés y yo tenemos por regla hacerle review sólo a juegos que hayamos jugado las suficientes veces como para formarnos una opinión válida. Esa es la regla fundamental. De esa regla, casi como una consecuencia directa, deriva el hecho de que sólo escribimos sobre juegos que tengamos en nuestras colecciones. Obviamente también hemos jugado otros juegos que tenga algún amigo; pero no tantas veces como para escribir sobre ellos. La otra regla no oficial es que para escribir sobre un juego tiene que gustarnos lo suficiente o tenemos que odiarlo tanto como para querer escribir sobre él. No nos obligamos a escribir.

¿A qué voy con esto? A que en ninguna parte del proceso hay un criterio de utilidad. Lo sentimos mucho, pero jamás nos hemos preocupado de que nuestros reviews sean especialmente útiles. Por eso mismo, casi nunca escribimos sobre juegos muy nuevos. No tenemos el poder económico como para comprar muchos juegos “del año” y tampoco el tiempo como para jugarlos muchas veces. Tengo pensado hacer un esfuerzo y escribir sobre un juego “nuevo” que he estado jugando hace poco y tengo ganas de hacerle review; pero hoy no es el caso, si no que todo lo contrario. Hoy voy a hablar de Carcassonne.

Carcassonne es un juego de colocación de losetas diseñado por Klaus-Jürgen Wrede y publicado originalmente el año 2000 por Hans im Glück. Lo pueden jugar de dos a cinco jugadores (más con algunas expansiones) y dura entre 30 y 45 minutos. El juego fue galardonado con el Spiel des Jahres del año 2001 y tiene una larga lista de expansiones grandes y pequeñas. Carcassonne está inspirado en la ciudad francesa homónima y su intrincada ciudadela amurallada, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el año 1997.

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¿Les suena esta imagen? Sí, es la misma que la de la portada del juego, pero en “real”.

De Carcassonne además surge lo que se transformó en el símbolo de los juegos de mesa modernos: el meeple. Los meeples son las piezas con forma humana utilizadas en los juegos de mesa. Aparentemente, el término fue creado mezclando las palabras “my” y “people” y se usó por primera vez durante una partida de Carcassonne. La “historiografía lúdica” le atribuye la creación de esta nueva palabra a Alison Hansel, una jugadora de la zona de Boston.

Carcassonne es la tercera patita de la triada de gateway games, los juegos de entrada al maravilloso mundo de los juegos de mesa. Como recordarán de alguna entrada anterior, los otros dos miembros de la triada son Colonos de Catan y Ticket to Ride. Por supuesto que alguien podría empezar en este mundo directamente con Agricola, Power Grid o Arkham Horror; pero la experiencia ñoña indica que es mejor partir con algo más simple, y estas tres son las opciones más usuales. En mi humilde opinión, de esos tres juegos, Carcassonne es el más fácil de aprender. Es sumamente sencillo y bastante entretenido, sobre todo cuando se juega de a dos jugadores. Durante años fue el juego que usé para enseñar a jugar a gente que no haya jugado nada nunca.

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Una partida de Carcassonne en desarrollo. Pueden ver el tablero de puntuación y los montones de losetas.

Las reglas son simples. El juego consta de 72 losetas que contienen murallas, caminos y claustros. Además, cada jugador cuenta con 7 meeples de su color. En su turno el jugador toma una loseta y la ubica en el tablero de tal forma que concuerde con las losetas previamente colocadas. Luego puede poner uno de sus meeples en la loseta recién incorporada para adueñarse de alguna parte del terreno: ciudad, camino, claustro o campo. Cuando las ciudades, caminos o claustros se completan, el jugador que tenga el dominio con un meeple ganará puntos. No está permitido ubicar un meeple directamente en un lugar ocupado por otros meeples, pero sí es posible ponerlo en una loseta de forma que estén temporalmente separados para que luego se juegue otra loseta y los junte. El juego se acaba cuando se juega la última loseta. Se cuentan los puntos por los caminos, ciudades y claustros incompletos y por los campos. Quien tenga más puntos es el ganador.

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El recurso táctico más importante en una partida de Carcassonne es “colarse” en las ciudades de los demás. Aquí el jugador azul necesita sólo una pieza para unir su pequeña ciudad a la ciudad grande que ya comparten el rojo y el verde.

Mi opinión es que Carcassonne es un viejo clásico que brilla por su simplicidad y por la gran novedad que significa ir armando el tablero a medida de que el juego avanza. Ha envejecido mejor que Catan (lo que no es mucho decir) pero hoy en día no pediría jugarlo. Tuvo su valor para mí cuando necesitaba enseñarle algo a alguien que no jugaba a nada o cuando necesitaba un juego para jugar de a dos personas. En esta etapa de mi vida ñoña ya no me veo necesitando enseñarle a un completo novato, pues tengo muchos amigos jugones. Tampoco me hace falta para jugar de a dos; tengo otros juegos que me gustan mucho más. Así es como hace un buen tiempo que no juego Carcassonne.

Carcassonne es un buen juego para jugar de a dos. Tiene un ir y venir más dinámico y directo, más táctico. Lo contrario es cierto cuando se juega de a cuatro o cinco. El juego gana en aleatoriedad, probabilidades de que alguien te joda una ciudad importante o que simplemente los otros saquen buenas losetas y a ti te salgan las no muy útiles losetas de camino. Se puede implementar una house rule para disminuir la aleatoriedad: tener una mano de tres losetas y jugar una de ellas en vez de robar una y jugarla sin opción. Yo personalmente no la he probado, pero me han comentado que el juego mejora.

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Mapa al final de la partida. Es un juego de caja pequeña, pero al final ocupa bastante mesa.

En fin, Carcassonne no es un mal juego. Yo lo disfruto y estoy dispuesto a jugarlo. Pero los años no pasan en vano y me quedó chico. Lo recomiendo mucho para quienes están iniciándose en el mundo de los juegos de mesa. Si ese no es el caso, la recomendación habitual: pruébelo antes y si le gusta llévelo.