Jugar compulsivamente juegos de mesa modernos es una actividad intrínsecamente grupal y presencial. Es decir, implica la asistencia coordinada de dos o más humanos, con la complejidad que ello significa. Se me ocurre comparar esta reunión concertada con otras reuniones que requieren coordinaciones similares. Por ejemplo, y a riesgo de sufrir la ira de mi co-blogger Andrés, juntarse a jugar un partido de fútbol tiene muchas similitudes. Se convoca a un grupo de amigos, se fija una fecha, hora y campo de juego, y el número de asistentes es un factor muy importante. Formar una party para jugar un MMORPG es también una actividad grupal que convoca a los jugadores a conectarse al juego a cierta hora y cumplir con las labores específicas dentro del equipo – healer, tanker, DPS, etc. – para lograr un objetivo.

Sin embargo, me atrevo a decir que armar una reunión para jugar juegos de mesa tiene algo especial. Todos los que van a jugar a la pelota saben qué es el fútbol, cómo se juega y que les gusta jugarlo. Y a menos de que se trate de un tarreo, los jugadores de RPG en línea lo hacen desde la comodidad de sus casas.

Hoy quiero hablar de mi experiencia personal con las dinámicas humanas que derivan de nuestra afición. Quiero hacer notar, antes de proceder, que las ciencias sociales y la psicología humana no son mi punto fuerte. Tomen lo que viene como una observación, un recuento, un anecdotario de las cosas que me han pasado y he visto en mis años de actividad lúdica. No aspiro a más.

La Formación del Grupo de Juegos

¿Cómo es que las personas hacemos nuevos amigos? Esta es una duda tremenda. ¿Hay algún proceso o simplemente pasa? En internet hay algunas respuestas divertidas: Paso 1: Agárrate de su pierna firmemente; Paso 2: No lo dejes ir; Éxito. También podemos referirnos al Friendship Algorithm ideado por Dr. Sheldon Cooper, uno de los personajes protagónicos de la serie The Big Bang Theory – que en su tiempo era una serie original, y hoy es más bien Friends with Nerds –. Yo no tengo idea cómo hice los amigos que tengo, y creo que se me haría difícil intentar entablar una amistad con alguien a propósito.

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Como hacer amigos en la adultez

Cuando se trata de formar un grupo de juegos de mesa, mi experiencia me indica que hay dos caminos posibles: hacer que tus amigos existentes se vuelvan jugadores de juegos de mesa, o hacerte amigo de jugadores de juegos de mesa. La primera opción parece ser la más directa, pero es la que tiene menor probabilidad de éxito. La razón es sencilla: no todo el mundo está interesado en jugar a tu nivel.

Observemos un poco esa última oración. Cuando hablo de “mi nivel de ñoñez lúdica” me refiero a: estar dispuesto a jugar juegos de larga duración (dos horas o más), sumergirse en la narrativa de un juego cuando corresponda, jugar de manera competitiva y desafiante, y querer/poder repetir esto periódicamente. Antes de que me lancen a la hoguera por elitista, yo no estoy diciendo que no voy a jugar juegos de entrada con gente nueva o que si no están jugando en serio entonces que no jueguen. Sólo digo que, para formar parte del grupo de juegos permanente, hay que acercarse a esas cuatro características.

Volvamos a lo de convertir gente en ñoños jugones. Aquí cada paso que damos se transforma en un filtro. De partida, no todos nuestros amigos existentes están interesados siquiera en probar un juego de mesa. De los que quieren probar un juego de entrada, a algunos no les gustará, a otros les gustará, pero no como para volver a jugar la próxima semana, o incluso a algunos les gustará tanto ese juego de entrada que no querrán jugar algo más avanzado. Y así, dependiendo de la ñoñez general del grupo de amigos, sólo unos cuantos llegarán al nivel de ñoñez lúdica descrita en el párrafo anterior.

Para la alternativa número dos – entablar amistad con ñoños jugones –, distintas personas tendrán distintas experiencias. Aquí contaré las mías. Los dos años que viví en Santiago no logré hacer nuevos amigos ñoños. Tenía mis amigos de la universidad que también se habían ido a vivir a Santiago, y me hice amigo de algunas colegas de mi trabajo; pero no pude hacer nuevos amigos jugadores de juegos de mesa. Un par de veces fui a los encuentros de Senderos de Magia en el Espacio M (Morandé con Compañía) y en el Centro Comunitario Bellavista. Y que me disculpen si me están leyendo, pero no logré enganchar con ellos. De todas formas, esa época de mi vida no era muy apta para dedicarme a jugar mucho. Trabajaba por turnos y tenía pocos fines de semana disponibles. Es mi época de coleccionista.

Mi regreso a Concepción y mi cambio de horarios de trabajo – de turnos locos a horario de oficina – me llevó a una experiencia totalmente distinta. Escribí en un grupo de Facebook y Gonzalo Espinoza amablemente me invitó a una de sus juntas. Ese día fui, conocí a mucha gente, incluyendo a mi amigo y co-blogger Andrés, y jugué Eclipse por primera vez. Podría decirse que, lejos de armar un nuevo grupo yo, más bien fui adoptado por un grupo en formación. Sea como sea, de ahí en adelante empecé a juntarme regularmente con ellos. El resto es historia.

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A la izquierda, mi amigo personal Andrés Concha sonriéndole a la cámara. El gordo de lentes de la derecha soy yo, planificando mi próximo movimiento.

Gestión de Invitaciones

Desde hace ya un tiempo que estamos teniendo un problema del primer mundo: el grupo se volvió muy grande. Lo sé, es un buen problema a tener. Esto sucedió principalmente propiciado por Planeta LoZ. Planeta LoZ es una tienda de juegos de mesa online que además organiza periódicamente eventos donde la gente puede ir a hacer uso de la ludoteca y jugar de forma gratuita. A medida que estos eventos fueron creciendo, nos hicimos amigos de algunos asistentes. Y estos asistentes fueron invitados a las juntas del grupo y terminaron formando parte de éste.

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Gente jugando Blood Rage en una de los eventos de Planeta LoZ en la Biblioteca Municipal de Concepción.

Hoy en día tenemos potencial para invitar a unas 15 personas a juntarse a jugar, algunos más disponibles que otros. Los más afortunados tienen espacio suficiente para invitar a mucha gente a sus casas. Yo por mi parte vivo en un departamento pequeño y puedo invitar a jugar a máximo 4 personas.

He observado en el grupo dos formas de abordar el tema de las invitaciones, y las he apodado “escopeta” y “rifle” (perdonen lo bélico). Escopeta significa invitarlos a todos sin distinción y esperar lo mejor. Rifle es seleccionar a algunos amigos para invitarlos, generalmente a jugar algo específico.

El enfoque escopeta tiene la ventaja de ser más inclusivo. Todos están invitados. No hay cobro de sentimientos. Es todo más abierto y menos propenso a la polémica que significa excluir a alguien y que este se entere por las redes sociales que hubo una junta y no fue invitado.

La contra de este enfoque es, por supuesto, el descontrol. No se sabe muy bien cuántos invitados llegarán ni qué se podrá jugar con ellos. La planificación se debe hacer en el momento y toca decidir si se separan en dos grupos o si juegan todos juntos. Un número muy grande de invitados forzará a jugar party games o juegos demasiado largos. Inclusive, y el mayor pecado de todos, puede que alguien termine debajo de la mesa, por capacidad de los juegos o por no gustarle un juego escogido.

El enfoque rifle, por otro lado, consiste en invitar a los jugadores precisos para el juego que se quiere jugar. Queremos jugar Eclipse, entonces invitamos a los que les gusta ese juego. Hoy vamos por los heavy euros, tenemos gente que es fan. Queremos estrenar ese juego, pero está en inglés, entonces descartamos a algunos invitados que no podrán jugar.

La directa desventaja del rifle es que la delicada planificación es muy sensible a los imprevistos. Si alguien se baja, cuesta reemplazarlo. Si no se puede reemplazar, hay que cambiar el juego. Esto no es tan terrible cuando uno cuenta con una ludoteca amplia y variada. Pero me imagino que es un problema tener un solo juego y que luego no se pueda jugar porque falta alguien. Por otro lado, el enfoque rifle debe usarse con la precaución de ir rotando las invitaciones, y así poder conservar todas las amistades.

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Épica partida de A Game of Thrones The Boardgame. Juntar a seis jugadores para ese juego fue todo un logro.

Yo adhiero a la filosofía del rifle por gusto y por necesidad. Como dije, mi humilde hogar me obliga a invitar a la gente justa. Si llegan 5 invitados ya no tenemos dónde jugar. Aun así, lo prefiero al desorden de la escopeta. Y a mi amiga que me está leyendo y es militante de la escopeta, igual voy a tus juntas y lo paso bien, así que no me pongas esa cara.

Selección de Juegos

¿Todos juegan todo tipo de juegos? Absolutamente no. Imposible. Todos tenemos nuestros gustos y preferencias. Y a veces estos gustos y preferencias son fuertes y se hacen notar. Escoger el juego a jugar se vuelve una decisión difícil, sobre todo en las juntas escopeta. Otra razón más de mi preferencia por el orden. Sin embargo, podemos confiar en que la mayoría de nosotros estará dispuesto a jugar una partida de algo que no sea su primera opción.

Eso sí, hay algo que hace que un conjunto de juegos sea incompatible con un grupo de personas: el Análisis Parálisis. El AP es el cáncer de cualquier partida de juegos. No hay nada más dañino para la experiencia de jugar un juego que aburrirse mientras alguien se toma todo el tiempo en analizar y sobreanalizar todas las jugadas posibles. Yo soy muy crítico de la gente con AP, porque me parece que tomar demasiado tiempo en jugar es una falta de consideración con los demás.

La mejor política a la hora de escoger un juego es evitar las situaciones desagradables. No jugar juegos muy cabezones con gente AP, no jugar juegos muy dependientes del idioma con gente que no sabe inglés y no empezar a jugar un juego nuevo a las 2am. El resto ya es cosa de gustos.

Otras situaciones que se han dado, especialmente con mi amigo Andrés, son los juegos baneados. Hay juegos que a mí me gustan, pero Andrés se niega a jugar. Y también hay juegos que Andrés disfruta pero que yo no tolero. Ejemplo: Andrés simplemente no está dispuesto a jugar Dead of Winter. Por mi parte, Archipelago es un juego que jugaré cuando el sol salga por el oeste y se oculte por el este. También les hago la cruz a los abstractos Knizianos como Tigris & Eufrates, que no tengo idea cómo le pueden gustar tanto.

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Una de las fotos que me mandó Andrés de su partida de Archipelago. Ese es un juego que preferiría no jugar jamás.

El otro día se juntó con otros amigos y me mandó fotos de los juegos que estaba jugando: Islas Rotas y Tigris & Ewwwwfrates. Supongo que su intención era provocarme, pero le dije “Que bueno que juegues esas cosas cuando no estoy. Así cuando nos juntemos jugamos juegos de verdad”. Creo que es muy razonable jugar los juegos baneados con otro conjunto de amigos. Nosotros con Andrés nos damos ese lujo porque tenemos distintos amigos. Por eso mismo a mí me llama tanto la atención cuando alguien vende un juego y dice que el juego le gustó, pero a su grupo no. ¿Y si buscas otro grupo de amigos con los cuales jugarlo? Creo esa pregunta habla un poco más de mí, que valoro más a los juegos que me gustan que a las personas.

Final

Tal como prometí, esto fue un anecdotario totalmente libre de análisis. De todas formas, fue interesante para mí identificar y poner en escrito estas dinámicas y patrones observados tras 6 años de ñoñez. El análisis se lo dejo a los más eruditos. Quedaría tremendamente sorprendido si leyera a alguien escribir usando la terminología que creé en esta entrada. “El concepto de invitación escopeta fue introducido inicialmente por el Sr. Pedro Gallardo…”. Sería gracioso.

Tras 6 años de ñoñez y 2 años de conocer a la gente con la que comparto el hobby actualmente, me declaro un agradecido de la vida. Agradecido de contar con un grupo tan diverso y tan cercano. Puedo decir que tengo a la gente adecuada para cada juego, y eso es más valioso que una colección de 300 juegos.

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Alexis y Carmina jugando Concordia. Carmina es la última secuestrada adoptada por nuestro creciente grupo.

Los humanos somos complicados; pero este es un hobby de personas, más que de piezas, mecánicas y temáticas. Si fuera de otra forma, jugar juegos de mesa no sería tan apasionante como lo es, y nadie se estaría dando la lata de escribir 2.000 palabras sobre el tema. Todo pasa por algo.