Hace unos días, mi coblogger se fue a dar un paseo por el espinoso sendero de lo que hemos dado en llamar la “taxonomía lúdica”, esto es, la siempre difícil -y frecuentemente ingrata- tarea de establecer clasificaciones para los juegos.

Me parece que lo primero que cabe preguntarse, antes de comenzar a establecer o incluso utilizar clasificaciones, es ¿para qué clasificar? Las etiquetas y denominaciones suelen terminar transformándose en jaulas inflexibles de las que resulta difícil escapar. Entonces ¿resulta útil clasificar? O, dicho de otro modo ¿los beneficios de establecer clasificaciones superan las desventajas que suelen derivarse de ello? Obviamente, no pretendo llegar a ninguna conclusión definitiva acerca de la actividad eminentemente científica de clasificar las cosas y los fenómenos para facilitar su estudio y comprensión. Sólo quiero llamar la atención sobre una cuestión que está permanentemente creando enconadas discusiones en los foros de internet dedicados al mundo de los juegos de tablero. Así que a los juegos de mesa me abocaré.

Personalmente, creo que la única utilidad de establecer clasificaciones para los juegos de tablero es la de servir como una mera referencia. Así, cuando uno pregunta qué le parece tal o cual juego a una persona que ya ha tenido oportunidad de probarlo antes, puede resultar útil iniciar la respuesta con una referencia al tipo de juego de que se trata, para darle al interesado una orientación general, dentro de un universo que contiene cerca de 90.000 especímenes. Aquí es, entonces, donde puede ser útil referirse a un determinado juego como un “filler” –la categoría sobre la que nos habló Stormydog88 en esta entrada-, o como un “4X” -una denominación que ya hemos usado varias veces en este blog-.

Esto puede servir para que la persona que hace la pregunta entienda, al menos preliminarmente, que el estilo/duración/complejidad del juego en cuestión se parece más a Jaipur o Love Letter que a Eclipse o Civilization. Más allá de eso, creo que el asunto de clasificar los juegos de tablero carece totalmente de utilidad.

Hago estas aclaraciones previas, justamente porque la categoría de juego sobre la que comentaré hoy es una de esas que ha generado literalmente miles de páginas de discusión en los foros de la internet; foros en los que cientos de personas han tratado de definir qué es lo que debe entenderse por “juego abstracto”.

Como es evidente, no hay una definición única de “juego abstracto”. Y cómo podría haberla, atendido que no existe un organismo unificador de la terminología lúdica que pueda establecer autoritativa y definitivamente un concepto al que deban ceñirse quienes operamos con el lenguaje relativo a juegos de mesa. En consecuencia, la idea de juego abstracto está asociada a varios sentidos o significados, algunos más extensos y laxos, otros mucho más restrictivos y limitados. Yo no trataré, ni con mucho, de proponer mi propia definición de juego abstracto, ni trataré de convencer a nadie de que tal o cual juego es o no abstracto. Sólo pretendo dar a conocer las principales posturas que existen al respecto y contarles cuál es mi opinión. Y tal vez defender un poquito mi vilipendiado gusto por algunos de los exponentes de la categoría… Está bien, este último es mi verdadero objetivo, lo admito, pero eso no me impide ir un poco más lejos. Allá vamos.

¿Qué es un juego abstracto?

Really? Después de toda esta latera explicación ¿lo primero que se me ocurre es tratar de definir qué es un juego abstracto? Así es. Si no ¿cómo vamos a saber de qué estamos hablando? (¿Y entonces no es esa precisamente la utilidad de crear clasificaciones? Me recuerda la paradoja que creó el Oráculo cuando le dijo a Neo que no se preocupara por el jarrón).

Lo que pasa es que esta entrada trata justamente de la clasificación misma, por lo que es lógico tratar de definirla y, a través de este ejercicio, tratar de ilustrar cómo se producen las dificultades de las que hablaba hace poco. Como ya anuncié, la denominación tiene múltiples significados que se superponen. Y estos significados están asociados a ciertas características que se estiman propias de los juegos abstractos. La ausencia de una temática suele ser considerada la característica principal, como veremos.

Un concepto muy tradicional y restringido es aquel según el cual juego abstracto es aquel que tiene información perfecta, no tiene temática, no tiene azar y, generalmente, se juega alternando turnos entre dos jugadores. Los ejemplos clásicos: el Ajedrez, el Go y las Damas. Por supuesto, alguien podría decir que el Ajedrez tiene temática porque las piezas tienen forma y “representan” ciertos personajes medievales, pero creo que esto es estirar demasiado la idea de temática. En todo caso ¿ven como es pantanoso el asunto de definir qué es un juego abstracto?.

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El milenario Go.

Otros estiman que también deben incluirse juegos que, a pesar de tener algo de azar, gozan de todas las demás características antes descritas. Por ejemplo, el Backgammon. Ni hablar de si podemos incluir en la definición otros juegos sin temática, pero con azar e información oculta, como el Póker.

Finalmente, la explosión que vive la industria de los juegos de mesa modernos desde los años ’90 ha obligado a ampliar un poco la definición, extendiéndola a juegos que, pese a tener algunas de las características descritas, no caben pacíficamente en un mismo cajón con el Ajedrez y el Go. Así, la definición se amplió a juegos que “casi” no tienen temática, que tienen “poco” azar y que son “casi” de información perfecta. O sea, las características clásicamente asociadas con los juegos abstractos, pero matizadas. Y ardió Troya.

Ahora ¿por qué me resulta interesante la clasificación y su abuso? Por algo que comenté de paso cuando escribí una reseña de Onitama hace unos meses: yo comencé mi camino en este hobby creyendo que abstracta era cualquier cosa que se pareciera al Ajedrez y al Go, dos venerables clásicos con siglos de antigüedad –milenios, en el caso del Go- que alguna vez traté de jugar, pero que sólo lograron hacerme sentir tonto (y para eso yo ya tenía a mi padre). Como resultado, cada vez que alguien me decía que tal o cual juego era abstracto, yo huía hacia las colinas. Pero luego descubrí que en realidad el concepto de abstracto era tan insustancial (abstracto, insustancial… ¿vieron lo que hice ahí? Sí, tengo amigos, créame) que una amplísima gama de juegos caía dentro de él y, por lo tanto, en mi mente, estaba injustificadamente vetada.

Cuando, superando mis temores, me decidí a probar “Tigris & Euphrates”, de Reiner Knizia (lo que hice comprando la excelente App del juego que existe para smartphones), descubrí que el juego me gustaba mucho, pese a que la temática era prácticamente irrelevante para las mecánicas involucradas (lo que en definitiva es lo que le vale la denominación de abstracto). Esa constatación me llevó a cuestionar todo mi general rechazo por los juegos abstractos, y poco a poco comencé a probar otros, casi todos los cuales terminaron siendo de mi gusto. Y entonces apareció la duda existencial ¿Realmente me desagradan los juegos abstractos? ¿O sólo me desagradan el Ajedrez, el Go y los otros juegos de información perfecta, estrategia pura, cero temática y nada de azar?

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La última edición de Tigris & Euphrates lanzada por Fantasy Flight Games. Se le suele considerar abstracto, aunque no estoy tan de acuerdo con esa calificación.

Claramente, este último era el caso. Como ya dije, ocurre que la denominación “juego abstracto” se utiliza con tal ligereza, que una enorme cantidad de juegos termina metida en ese bolsillo de payaso sólo porque se estima que carecen de temática o, más comúnmente, porque la que tienen parece estar pegada encima a la rápida y sin mucho esfuerzo. Peor aún, hay juegos de este último tipo que, de forma curiosa, no se ganan el mote de abstractos aparentemente porque tienen lindas ilustraciones. Es el caso de Splendor, que no tiene un atisbo de temática y muy poco azar, pero que no aparece en ninguna lista de juegos abstractos.

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En Splendor los jugadores representan a ricos mercaderes de gemas del renacimiento que tratarán de asdfghjk… Olvídelo, no tiene importancia.

 

En el fondo, todo este asunto de la temática es enteramente discutible ya que, si nos ponemos realmente estrictos y reducimos el asunto al absurdo, resulta que TODOS los juegos son abstractos, simplemente por aplicación del principio de que todas las representaciones de cosas son eminentemente abstractas. Pero como reducir al absurdo no nos lleva a ninguna parte, necesariamente tenemos que admitir que ciertos juegos simplemente representan mejor aquello que dicen representar. Así por ejemplo, ya he dicho que la temática de Archipelago me parece brillantemente aplicada. No ocurre así con la mayoría de los juegos de Reiner Knizia, no obstante lo cual, varios de sus juegos están entre mis favoritos. El ya mencionado Tigris & Euphrates es uno, pero también me gustan Indigo, Age of War, Samurai –que sólo probé hace muy poco y me encantó- y hasta Kingdoms, que es poco más que un ejercicio en aritmética elemental con bonitos castillos tirados encima.

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Una partida de Samurai en curso.

Otros juegos que son comúnmente considerados abstractos pero que en realidad no se parecen en nada a los clásicos tradicionales y que yo disfruto enormemente, son Onitama y Ubongo. Hasta Hive lo disfruto, aunque tiene peligrosas similitudes con el Ajedrez. Quizá ayuda el hecho de que es mucho más breve que el presuntuosamente denominado deporte-ciencia.

Valga, entonces, mi crítica al establecimiento de clasificaciones para los juegos de tablero. Cuando estas no se usan como una mera referencia para proporcionar alguna general orientación respecto de lo que se puede esperar de un juego, y se convierten, en cambio, en rígidas reglas de denominación, más propias de la investigación científica, se generan situaciones como esta, en que juegos que no tienen prácticamente nada en común terminan metidos en una misma caja y siendo juzgados colectivamente por los defectos o virtudes de los demás. Peor aun cuando la clasificación misma está pobremente definida debido a una falta de consenso sobre su contenido, como es el caso de los juegos abstractos. Y prácticamente todas las demás categorías lúdicas. Si no me cree, abra un foro en cualquier sitio especializado preguntando qué es worker placement y siéntese a esperar la batalla.

En mi experiencia, enfrascarse en discusiones acerca de si tal o cual juego cae dentro de esta categoría o aquella es un ejercicio siempre inútil ya que, en último término, ese juego no tiene ninguna intención de estar dentro de una u otra categoría, sino simplemente de ser lo que es. Si a Ud. eso que el juego es le parece entretenido o no, es harina de otro costal.

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Una partida de Hive en curso. Tiene un innegable parecido con el Ajedrez, pero es mucho más corto y más sencillo.