El hobby de los juegos de mesa adolece de lo que es conocido como Cult of the New, el culto a lo nuevo. Pertenecen a este culto aquellos que quieren comprar y jugar las más recientes novedades, con el inconveniente de estar constantemente aprendiendo nuevos juegos, abandonándolos una vez jugados. Además, esta forma de vida es tremendamente cara. Sin embargo, se dice que el culto a lo nuevo es lo que hace que la industria de los juegos de mesa haya crecido de la forma que lo ha hecho estos últimos años. Los compradores compulsivos son el motor que impulsa a las editoriales a publicar más y mejores juegos cada año.

En esta entrada quiero comentar el efecto contracorriente que ha estado ocurriendo en mi grupo de juegos. Hemos tratado de probar juegos que, aunque son nuevos para nosotros, son reconocidos como clásicos de hace más de diez años. Más precisamente, le haré la reseña a Caylus, un juego histórico tanto por los años que han pasado desde su publicación como por la temática que intenta representar.

Construcción de Castillos en la Francia Medieval

Caylus es un worker placement para 2-5 jugadores, diseñado por William Attia y publicado el año 2005 por Ystari Games. Edge Entertainment sacó la primera edición en español el año 2007. En Caylus los jugadores son maestros constructores con la misión de construir un castillo en el pequeño pueblo fronterizo de Caylus. Junto con el castillo, el pueblo va creciendo a medida que los jugadores van construyendo nuevos edificios en él.

El objetivo, por supuesto, es ser el jugador con más puntos de victoria al final del juego. La principal fuente de puntos de victoria son las construcciones, ya sean los avances en la construcción del castillo o los edificios del pueblo. Además, con la construcción de edificios se añaden espacios con nuevas acciones disponibles para los jugadores.

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Tablero de Caylus al inicio de la partida.

Caylus es un worker placement especial por dos mecánicas que no se ven en todos los juegos. Por una parte, los jugadores tienen sus seis trabajadores disponibles desde la primera ronda. Sin embargo, para enviarlos a hacer acciones deben pagarles un “sueldo”. Este sueldo generalmente es de 1 denier, pero aumenta a medida que los jugadores finalizan su ronda y pasan: el primero en pasar hace que a los demás las acciones les cuesten 2 deniers. De esta forma, un jugador con trabajadores disponibles decidirá no enviarlos a hacer acciones dado el alto costo.

Por otro lado, el juego cuenta con dos personajes neutrales: el alguacil y el preboste. Las acciones del tablero siguen un camino desde la puerta del castillo y hacia las afueras del pueblo. Los jugadores ponen sus trabajadores y luego las acciones se ejecutan en el orden del camino, desde la puerta hacia afuera. El asunto es que las acciones sólo se ejecutan hasta la posición en la que se encuentra el preboste. Y este personaje puede ser movido por los jugadores. Esta es una fuente de interacción y conflicto que casi parece que no pertenece a los euros a los que estamos acostumbrados. El alguacil indica el avance de la partida, pero puede ser manipulado para acelerar el final o para que la partida dure más.

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Si el preboste se queda en el espacio del trabajador negro, esa acción es la última en realizarse. Los trabajadores azul y rojo no hacen nada.

Los edificios que se pueden construir vienen en cuatro tipos: edificios de madera (cafés), edificios de piedra (grises), residencias (verdes) y edificios de prestigio (azules). Todos los edificios dan puntos de victoria para el constructor. Además, cada vez que otro jugador envíe un trabajador a uno de tus edificios, ganas un punto de victoria. Por su parte, los edificios azules dan muchos puntos de victoria y pueden ser decisivos. ¡Uno de ellos da 25 puntos! Para un juego en el que 100 puntos puede ser un puntaje ganador, 25 es una cifra importante.

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Los nueve edificios de prestigio azules. El último es el palacio que da 25 puntos de victoria.

El Análisis de Caylus

Siendo Caylus uno de los clásicos exponentes de la mecánica del worker placement, yo esperaba de forma prejuiciosa que fuera un juego sencillo, una colocación de trabajadores pura y sin variantes. Por supuesto que estaba totalmente equivocado. Caylus tiene el worker placement como núcleo, pero las interacciones posibles y la construcción de edificios lo llevan un poco más allá.

Encuentro especialmente interesante la construcción de edificios para habilitar nuevas acciones. Esto significa que las acciones posibles a medida que avanza la partida dependen de lo que los jugadores construyan. No es algo azaroso, lo que me recuerda a nuestro apreciado Concordia. Además, este factor humano hace que todas las partidas sean distintas, lo que le da una rejugabilidad que ya se la quisieran juegos más recientes como Caverna o El Banquete de Odín.

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Los favores reales son una forma alternativa de obtener dinero y recursos.

El asunto del preboste es sumamente interesante. En mi primera partida caí víctima de esa pieza del juego en un par de ocasiones. Mi reacción inicial fue bastante natural. Sentí que el preboste era una fuerza demasiado poderosa en el juego, que causaba que los trabajadores no hagan nada, lo que es sumamente indeseable – pasa en otros juegos como en Stone Age –, y que casi no tiene lugar en un euro. Sin embargo, para la segunda partida ya había aprendido mi lección.

El preboste no es una fuerza de la naturaleza; es tan dañino para tu turno como tú dejas que sea. Para evitar ser perjudicado por el preboste puedes simplemente evitar colocar tus trabajadores cerca o delante de él. Ya cuando esto no es posible, es buena idea enviar otro trabajador al gremio de mercaderes, que es el edificio que permite mover al preboste de forma gratuita – moverlo cuando se activa el puente cuesta 1 denier por espacio que se mueve –. La idea es que los otros jugadores no tengan la posibilidad de usar al preboste para perjudicarte o, al menos, que hacerlo sea tan caro que no valga la pena el esfuerzo.

Otra forma de salvaguardar tus acciones es ser el último jugador en pasar. El puente se ejecuta en el orden en que los jugadores pasan, por lo que ser el último siempre es bueno para deshacer los movimientos de los demás (a cambio de dinero) o para hacer la última jugada y perjudicar a los otros que ya no podrán reaccionar. Es innegable, en todo caso, que el preboste da pie a acciones que nosotros conocemos como “jugadas ratas”. Aprovecho de mandar un gran saludo a mi amigo Daniel “Hata” Suazo, que con justa razón se ganó el apodo de “Hata El Rata”.

Caylus Tiene Un Lugar En Mi Corazón

Para mí, Caylus fue una gran sorpresa. Un juego del que no esperaba mucho cuando lo jugué, pero que me encantó. Lo compré semi-nuevo a un precio excelente y se ganó un lugar en mi ludoteca y en mi corazón. Como dije en la sección anterior, el factor humano y la rejugabilidad son excelentes. Las partidas cambiarán mucho según qué edificios son construidos. Además de que la estrategia y el manejo de recursos son muy desafiantes. Es precisamente el tipo de juego que me gusta.

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El área de construcción del castillo. Tiene tres etapas: mazmorra, muralla y torre.

Extrañamente, en la encuesta de peso de la BGG, Caylus tiene un 3,82. Quizás yo no soy un buen evaluador de peso, pero esta nota me pareció exagerada. Russian Railroads tiene un 3,41 y El Banquete de Odín apenas lo supera con un 3,87. Sería ridículo decir que Caylus es tan complejo como El Banquete de Odín, así que puedo afirmar que esa nota de peso está mala. Creo que sí requiere cierta experiencia lúdica o algunas partidas de otros worker placement más sencillos, pero tampoco es la cúspide de la dificultad.

Hace poco un amigo de ojitos sensibles dijo que Caylus es un juego feo. Yo discrepo profundamente. El arte de Caylus es sobrio, típico de los juegos de la década del 2000. La iconografía es clarísima y no es abrumadora como en otros juegos en los que se abusa de los símbolos. Un pequeño detalle que podría haber sido más claro es que los avances en el castillo se hacen con tres recursos distintos. El símbolo de ≠ pudo haber sido más notorio, y unos cuantos amigos se han equivocado. Pero por lo demás, el tablero de Caylus tiene lo que debe tener.

Jugar Caylus me da una sensación de tensión constante, ya que lograr una buena ronda requeire de hacer varias acciones, y en cualquier momento alguien puede ocupar uno de los lugares que necesitas. Caylus tiene esa escasez que, según yo, es necesaria para que un worker placement sea interesante. Los lugares son escasos, los recursos son escasos y el dinero es muy escaso. Pagar por hacer acciones significa que no money no party. Si en una ronda se te acaba el dinero, en la siguiente obtienes dos miserables monedas que te alcanzan para dos miserables acciones. Es terrible, pero terriblemente desafiante.

Desde que descubrí Caylus, he disfrutado mucho cada partida. Para mí es un juegazo y ha sido una revelación. Se lo recomiendo a todos los que ya lleven un tiempo jugando juegos de mesa y estén familiarizados con la mecánica del worker placement. Quizás no sea la mejor idea que Caylus sea el primer juego que juega una persona, pero tampoco es un monstruo de peso completo.